ARGENTINA

AQUEL AMOR DE BUENOS AIRES

Aquel amor de Buenos Aires
fue un amor de Buenos Aires.

(Yo a Buenos Aires no la quería.
A ella sí)

Buenos Aires tenía las distancias largas, cansadoras, complicadas…)
Ella, una humilde distancia de piernas hacia mí.)

Buenos Aires tenía los árboles hollinados.
Ella, el Buenos Aires de los jacarandás violetas. Violetas.)

Buenos Aires tenía rugidos, chillidos, iras.
Ella, una canción de Emmanuelle.

. . .

Yo a Buenos Aires no la quería.
A ella sí.



BAJÉ AL INFIERNO

Bajé al infierno.
Me quemé sentido entre duras brasas.

Célula a célula mi cuerpo
fue rescoldo y olvido.

A la Cruz del Sur subí.
Vi Carhué, el bello lago,

los gigantes y las dos torres emergidos,
las tierras dormidas y mojadas del Masallé oscuro,

más la Luna sólo del pueblo
y mi fiel aromo,

Deshacerme, olvidarme y rehacerme...
¡luego de un beso!



CADA PARTIDA

Cada partida
(como en una fuente

una gota piensa toda la fuente)
me recuerda todas las partidas:

- La partida de Epecuén bajo el agua,
lentamente,

ladrillo tras ladrillo, dolor tras dolor
lentamente.

- Mi partida del aula un 2010
sin saber,

caminando disfónico en un patio vacío de colegio,
que partía de todas las aulas.

- La partida de mi hermana
¡ay! sin intuir siquiera que cierto tiempo de Carhué migraba con esa tarde

y que ciertas felices fotos
se volverían irremediablemente tristes fotos.

- Rocío García en Salta dejando arenita,
Aylan ¡tan lejos!, caracolas sobre la arenita.

...

Cada partida
me recuerda todas las partidas.

Partir de irse.
Partir de romperse.



CARHUÉ

CARHUÉ:
- ¿Qué es el infinito Masallé?

- ¿qué es aquello que rompe con la misma vida,
con la misma muerte y la misma nada?

- ¿que devora esta inmensidad,
este sol que ante él temeroso se oculta,

al Universo
y a ti?

...

MASALLÉ:
- La vida de cada ser humano.



CAMINO POR LA SAN MARTÍN

Camino por la San Martín, secreto.
¡Carhué duerme!

En la plaza, es difícil distinguir
los 70 de este hoy.

Me es posible entonces ser joven,
caminar más ágil,

vagar sin nudo nuevos mañanas,
¡nuevos presentes!:

- Escuchar la campana de la capilla de Epecuén
en un Epecuén de agosto, aletargado y sin terraplén.

- Ver por el cielo de nuestras seis mansas lagunas,
la larga larga estela del avión de Aerolíneas hacia Puerto Argentino.

- En Wikipedia no encontrar “Guerra de Malvinas”
ni “Desaparecidos durante alguna dictadura”.

- Leer que Yrigoyen, Perón, Illia,… han entregado la banda tras voto popular.
- Vivir en una fraterna Nación de Naciones

donde villa y pobreza nunca estuvieron.
Nunca estuvieron…

Camino entre los liquidámbares,
secreto,

a unos metros el limonero verde espera.
¡Sabe que la Luna de Carhué,

sobre toda cerrazón, siempre aparece!
Siempre.



DORMIRME EN CARHUÉ

Dormirme en Carhué,
dormirme en vos.

Sentir esa brisa de la tarde que pasa por la ventana
y entra en ti, aventándote.

Respirar ese respiro:
¡ese aire que sopló en tu impenetrable

ahora
en mis pulmones, mis vasos, mis tejidos!

. . .

Verte ahí…
un gajito en la almohada.

. . .

¡Sentir tu interior perfecto
dentro de mí!



EL HOMBRE DEL OJO ENTRECERRADO

El hombre del ojo entrecerrado
fue ocultando prolijamente sus caros Recuerdos por la fría casa:

- dos en la rama más fuerte del damasco
- uno en el llavero de plata oxidado,

- otro en el cervatillo de cristal de Murano con una patita rota,
- cinco en el retrato de su mujer (uno por cada década juntos),…

. . .

Tras su partida y el tiempo de las penas
quedaría en sus hijos, en sus nietos, en el viento de Carhué,… descubrir esos Recuerdos.

Tras su partida, murmuró seco, será él
¡sólo esos diez Recuerdos!

. . .

Con los restos de una manga de camisa
limpió rígidamente el pequeño llavero hexagonal de plata.

Con los restos de su infinita vida
ocultó, con mayor lentitud y esmero, el último Recuerdo.



EL HORIZONTE INDICA NUESTRO RUMBO

El horizonte indica nuestro rumbo:
¡un mañana con un sol para todos!.

Mas también la manera de llegar a él:
De igual a igual, codo con codo, ¡horizontalmente!.



EL OCÉANO

El océano modela la costa persuasivamente,
ola tras ola, persuasivamente.

Éstas vienen de a montones, se encabalgan,
danzan, se reproducen en espumas y espumas.

La arena se vuelve apenas diferente
y, ola tras ola, las olas danzando se retiran…

La costa se abandona al agua,
el agua a los vientos.

La tortuga recién nacida va hacia el océano,
el cangrejo, salido del pozo, mira.

Sorolla pinta a Clotilde y María en la Valencia de 1909.
El Universo se expande.



EL POEMA EN EL VERSO (al verso, al agua y a Santiago Maldonado)
Finalmente, le voy dando mis formas retóricas.
¿Estará ahí?

El poema en el verso ¡breve
brevísimo!

(con la brevedad de la infinita vida,
con la brevedad de una estrella fugaz en la guerra).

El poema en el mensaje
¡claro!

(con la claridad de la manifestación en la plaza,
con la claridad del alegato del 18 de septiembre de 1985).

El poema en la emoción
¡cierta!

(cierta como la de la migración del 10 de noviembre de 1985,
cierta como la del nacimiento de un hijo y de otro y de otro).

...

¿Estás ahí poema: breve, claro y cierto?
¿Estás ahí Santiago: bien y entero?



EN ESTA VIDA QUE A LA SAZÓN ME HA TOCADO

En esta vida
que a la sazón me ha tocado

y donde eructar al sol
satisfecho puedo,

se trata simplemente,
cualquiera sea el hado,

que no haya en Alepo, Haití, Argentina,...
¡caminando hoy un solo necesitado!



ESCRIBO PORQUE SUEÑO

Escribo porque sueño.
Escribo:

- versos de “esas cosas”
cuando sueño entre sucias sábanas tendido;

- versos sobre gatos, familia, amigos,
cuando sueño entre frazadas como gigante sobre Masallé espigado;

- versos de libertad
cuando duermo entre vientos o el ventilador prendido;

- de amor
cuando sueño, entre aromo y justo cielo, contigo.

...

Hay otros soles y lunas
en que sueño porque escribo.



ESTOY EN CLASE (a mis alumnos)

Estoy en clase
estoy en 17 de noviembre de 1993.

El sol se ve sobre el piso.
Ahora no.

Deben ser las nubes pienso
y miro a los alumnos.

. . .

Es noviembre frío.
Cercano: a las vacaciones,

al silencio de estas paredes y pisos,
de estas sillas y pupitres.

(Pupitres,
¡qué bella palabra!)

Regreso,
les hablo, entre sus primaveras, sobre la capitalización compuesta

Me miran desde sus primaveras, charlan de sus primaveras.
Víctor y Adrián caminan (¡vuelan, arengan, trotan, urgen, buscan, encuentran, no encuentran,…!)

. . .

De la Echeverría viene un ruido a varilla de hierro arrastrado sobre el asfalto
Se aleja.

. . .

Es miércoles,
el sol se vuelve a ver sobre el piso.

Me acerco a mis alumnos,
el sol se ve en mi mano.



FRAGILIDAD

Fragilidad…
amor de otoño,
poema breve.

Poema breve
que en dos suspiros
se desvanece.

Se desvanece
por las calles
de un viejo Carhué.



HA LLOVIDO

Ha llovido,
las pisadas nausean agua.

Los gatos, con sus pelos arrogantes por la lluvia,
refriegan sus arrogancias por mis piernas.

El teclado
parece esperar mi verso;

mis dudas,
sus soles, sus arrogancias;

estas piernas,
nuevos y viejos caminos hacia ti,

que ya no estás.
Que ya no estás...



HAY TORMENTA DE AGOSTO (al verso, al agua y a Santiago Maldonado)

Así como los hispanoparlantes hablamos y pensamos en castellano,
así pienso, también, en verso (todos lo hacemos).
De una eclosión circunstancial de ideas, sentimientos y contexto va cobrando forma el texto.
Primero, en esa eclosión, lo “busco”, por ahí anda…


Hay tormenta de agosto en este 28.
Los gatos,

tras comer,
duermen indivisos en la ventana.

Tomo un mate descuidado (el mate)
mientras tecleo.

Eludiendo larguras, metáforas y rimas
busco el poema.

Por nuestras tierras el agua corre
escucho el sonido.

¿Hasta dónde el agua correrá?
Las seis y gris han dado, ¿dónde estás poema?

¿Dónde estás
Santiago?



HAY UNA UTOPÍA

Hay una utopía
de bella U cursiva

¡tan única!
de manos al cielo…

Y tras delgada T,
como estorbando quietudes,

una O redonda, perfecta, oronda,
con la P el ombligo pugnando.

y siguen, plena alforja bienhechora,
la I de ilusiones

y la A de amaneceres
¡de Argentina, de América sureña!

Utopía,
utopía,

sobre mis mañanas
de ilusiones amanecidas,

utopía,
utopía,

¿dónde has ocultado la E?:
la E de esperanza bendecida...



HE DESPEJADO CADA SURCO DE LA CASA

He despejado cada surco de la casa
(casi, redimido):

- de apilados objetos
que repasar no deseo por no serme extraño,

- de poemas ya heridos
(restos en las baldosas rojas de papelitos y papelitos),

- de bañadores con salitre del bello lago,
- de viejas ramas de esta heroica enredadera.

...

¡He despertado en el hecho
arañas y horas!

...

Cada surco, trastornado he despejado
(aún los que no lo eran):

¡tres pares de medias bastan
para ir por este pasillo!,

un cuenco lleno de granos
para los gatos,

una Luna que brote del aljibe
¡una Luna que mañana, jueves 9 de noviembre de 2017, también!

...

Heme Antonio Machado, "casi desnudo":
como mis indios frente al Masallé,

como mis tanos del puerto,
¡ay!,

como aquellos,
¡tus hijos de la mar bendita!

...

Heme,
despejado cada surco de la casa,

cada surco cortical del cerebro:
¡Carhué va conmigo!



HE VUELTO A TEMUCO (a Pablo Neruda)

He vuelto a Temuco y a sus duras lluvias
después.

Desde Isla Negra me aventó
mi muerte

y con ella:
lavas de volcanes, versos primeros, decepciones amarradas a mi próstata,

ruidos
de zuecos y de fragancias de lilas…

Y con ellas
mi propia muerte.

. . .

El Museo de la Araucanía,
con sus limpias y ordenadas culturas en los limpios y ordenados estantes,

se descuartizaba con el grito mapuche de las montañas.
En la calle Lautaro,

la casa de mi infancia con el viejo caballo de madera
era otro inútil museo.



INDIGENTES (a los pobres)

Indigentes,
desheredados,

invisibles,
“changueros”,

villeros,
analfabetos,

necesitados,
dolientes,

periféricos,
esperadores,

aborígenes,
pobres:

los
empobrecidos.



LA MAÑANA

La mañana es el tiempo de las preguntas,
la tarde, el de las respuestas.

¿La noche?
¡Ah la noche!

¡Cuán confusa
y seductora es!

                                                 La Esfinge



LA PRIMAVERA

La primavera
está brotando en los liquidámbares de la plaza

¡ramas arriba, ramitas, ramas hacia la iglesia!
(y en tu piel).

En las enredaderas vecinas a mi aromo,
en el jazmín que enmarca la ventana de la cocina,

en los versos de este ordenador,
¡está brotando!

(y en tu piel).
He observado metódicamente

(casi cartesianamente),
que tanto el pueblo se completa con la primavera sabia,

como ésta, con la eterna plaza de Carhué)
(y con tu piel).

PS: Los gigantes y tu piel
dan fe.



LA TARDE MIRÓ LAS MIGAJAS

La tarde miró las migajas sobre la mesa,
las recorrió con su última luz,

dibujándoles largas sombras
en una llanura de hule gastado por antañas comidas familiares.

La mirada, al caer una hoja, se hizo más amplia,
mostrando un universo de aladas y arcanas partículas en el aire de la cocina.

El hombre se levantó,
desacomodando las luces y el pequeño cosmos.

Con una mano rastrillando y otra cuenco,
recogió las rubias migajas.

. . .

La tarde siguió su camino.
La mesa y el hule, las partículas, el hombre y sus manos se perdieron en el pequeño cosmos.



LAS FLORES BLANCAS Y PEQUEÑAS DE MI JAZMINERO

Las flores blancas y pequeñas de mi jazminero emergen tímidamente,)
desde los primeros días de septiembre,

por entre las matonas hojas de la enredadera.
Lo hacen arracimadas para poder,

lo hacen en cascada inexorable
hacia el Aire y la Tierra generosos.

De lejos,
me recuerdan el Salto del Ángel creciendo creciendo,

a un metro del aljibe,
a dos metros de mi ventana curiosa.

La Luna de Carhué al ascender con su pueblo de estrellas
roza en ellas su cuerno aylanero

y se perfuma,
y al niño de Kobane perfuma,

y perfuma las aguas de las seis lagunas y del Salado
y el dolor de Enrique y Stella Maris

y las tierras arrancadas
y allende las de México y el Caribe.

Es un aroma blanco, pequeño,
creciendo, arracimado, pequeño.



LAS MAÑANAS EN CASA

Las mañanas en casa eran ordenadas,
comenzaban a la hora en que debían comenzar:

ni antes de las siete, ni después de las nueve.
Cualquier otro horario era considerado por mi madre impensable, por lo tanto nadie lo pensaba.

Ella limpiaba la casa, el gallinero, el cielo con una gamuza, que a su vez limpiaba con otra más chiquita.
Hacía los mandados en lo de Mazza con un cesto de mimbre barnizado y cocinaba con un delantal en una cocina verde.

Papá en la ferretería (25 de Mayo y Mitre),
a donde llegaba en invierno con poncho, sombrero y bigotes espesos de invierno. Nervioso.

Mónica en el Nacional penaba la ordenada mañana. Nerviosa.
Ana en el San José de la hermana Ana, los Requejo, el gran patio sin techo y las rojas estufas Volcán.

En mi comedor de baldosas verdes, yo fisgoneaba a Rómulo y Remo en Astolfi, la Barsa y la Enciclopedia Estudiantil.
Iba para la hora de la seria señorita Caussanel con su mano en el cuello del traje gris salpicadito.

Al mediodía, cuando Radio Radar iniciaba un descanso, nos arracimábamos en la mesa.
Mamá, en realidad, se sentaba al final (para “comer las sobras”, había enunciado mi hermana en cierta clase de la uno inviernos atrás)

Una hora después y en punto, tímido sigiloso estudiado y repasado, caminaba hacia el Comercial en traje marrón.
Por la calle, por la 25 de Mayo, alguno que otro coche pasaba durmiendo la siesta de invierno.

. . .

¡Las mañanas en casa eran ordenadas, de la efe a la efe, del frente al fondo!
El aromo aún no vivía. Mis padres y mi hermana sí.

. . .

Hoy, entre otros órdenes, la casa y yo parecemos buscar irreflexiva y desencontradamente aquel orden,
donde la mañana de Carhué iba naturalmente eterna.



LEJANO FAROL DE CARHUÉ

Lejano farol de Carhué.
Anzuelo esquinero

de bichitos alados
y silencios de calles de tierra.

Agrisado cuello
de flamenco pico de luz

y carúncula
espiralada, espiralada…



LLUEVE

Llueve.
Por la ruta a Coronel Suárez, llueve.

El vidrio al chocar con el día
fotografía intermitentemente el viaje.

Los árboles fugaces fugaces
cortan un ciclo de grises

que va de lo alto a lo alto:
por la ruta, por mis pulmones.

Hay en el conjunto
una armonía precisa y entera.

Trato de descifrarla.
De descifrarme.



¡MI SEÑORITA LÓPEZ! (a María Luisa “Chocha” López)

¡Mi señorita López!
¡y me llega usted con su cartera breve!,

asomando, entre este monitor y
la alta vieja vidriada puerta del aula...

De terciopelo la cartera cansada, cuadradita,
casi de otra época, de otra novela.

Casi de su juventud,
¡casi de nubes!.

Y en la mano, casi enguantada,
me sigue usted con su breve pañuelo blanco,

que al aire de Carhué valía:
¡casi un vuelo de silenciosas castañuelas!,

¡Mi señorita López!
¡y me surge usted en su rostro!, casi severo,

y en unos gruesos anteojos,
casi ventanas de una primavera que no llega

y
no llega...

y me sigue usted en un pelo breve con breves rulos de otra época,
casi bajo una redecilla negra

(y en una primavera
que no llega).

¡Mi señorita López!
¡y me viste usted con su pollera oscura!,

de invierno,
sin brevedades...

y tocando la vieja tarima de madera,
con ese andar breve, casi de heroína japonesa,

¡me suena usted en sus tacos oscuros de otra época!.
Unos tacos oscuros

casi de su juventud,
¡casi de nubes!,

de nubes y
redecilla…

...

Mi señorita López,
gracias.



MUSICÓ UNA VIDA (a Gustavo Cerati)

Musicó cincuenta y un días.
Cuatro tardes se sumergió en sí.

Abrió infinitos en cada canción
y,

¡gracias totales!,
por algún universo de los suyos,

un 4 de septiembre de 2014
se fue para volver.

. . .

¡Guitarras, guitarras, guitarras
le vieron ir!

Guitarras gauchas, árabes, andaluzas, clásicas,
guitarras de Yupanqui, de Pappo,...

le vieron en la ciudad de la furia,
¡irse… y volver!



NO PARECÍA UN SER HUMANO

No parecía un ser humano.
Tampoco un animal conocido.

Sus piernas y su trasero se volvían parte de la tierra)
y por el emergían ortigas y dientes de león.

Las hormigas, al atardecer,
formaban allí un melindroso sendero.

Su tronco,
apoyado sobre el tronco del árbol,

se impregnaba de celulosa y lignina
reapareciendo duro como la realidad, tal vez más.)

De su rostro quedaban dos pequeños ojos,
el resto eran ramas y hojitas verdes, verdes como la ensaladera rota.)

Repito, no parecía un ser humano,
tampoco un animal conocido…

sentado
bajo el aromo.

. . .

La gente al pasar
le dejaba un instante.



OCURRE

Ocurre,
a veces al salir a la vereda de Carhué,

que el día no es el pensado.
Que el gris de un sábado de septiembre

es peltre de un centro de mesa solitario,
gris de viejas fotografías en una caja de bombones.

Suelen ser días de partidas,
partidas de vecinos que no pueden irse y se han ido.

Partidas,
donde quienes parten rompen su infinitud

y bellos frentes
de calles.

Donde quienes quedan
llagan profundos tejidos.

Donde quienes quedan
quedan con algo de sí

-días, meses, años, vidas,
mañanas, atardeceres, navidades-,

mirando secretamente
detrás,

mirando húmedamente
detrás…



OLINDA (a Olinda Teodori de Biurrarena)

Olinda...
tenía,

reflexiono este domingo 3 de agosto,
una curiosa y bella bondad:

cuando uno pasaba por la Moreno
hacia cualquier costado de Carhué,

te miraba, hablaba y sonreía
-estando en la vereda-

como si hubiera estado esperándote
sin rodeos todo el día...

¡expresamente ahí!
(y uno se sentía bien)



PASÓ LA POBREZA

Pasó la pobreza,
tocando a unos niños

y al tocar, en fragmentos rompía
sus juegos de niños.

Pasó por trabajos
como si ocurriera nada

y al pasar despidos
con el índice dedo dejaba.

Pasó
por la plaza soleada y con viejos,

¡qué más da hambrear
viejos tan viejos!

Tres borricas detrás,
borricas corearon:

- ¡Pobres siempre existieron!
- ¡Pobres ellos quisieron!

Pasó la pobreza
dejando una entrevera

de extenso dolor
y cercana primavera.



POCAS FUERON NUESTRAS CHARLAS ADRIANA (a Adriana Casey)

Pocas fueron nuestras charlas Adriana
¡pero cuán fáciles!

¡Cuán!
(y por eso este nudo en la garganta y esta torpeza en escribirte).

Las recuerdo una a una
(mientras este martes llovizna desorientado):

eran tus cosas,
mis cosas..

y en ellas
¡era Nuestro Carhué!

...

Pocas fueron Adriana
¡pero cuán fáciles!



QUÉ SUERTE ADVERSA

Qué suerte adversa
la de la pobre araña,

ser tan desagradable
a la mirada humana.

¡Ay, tan proclive
a su mortal pisada!

¿Y si un dios
araña bajara?

¿Y si por mutación
volvieras montaña?

. . .

Mientras esperas ¡corre
corre pequeña araña!



RECORDARTE (a Miguel Ángel Cortiletti)

- Recordarte,
¡instintivamente!,

saltando
el cuarto crujiente de la memoria.

- Pensarte sin esfuerzo,
hacerlo en el golpe seco del abrazo,

en el verso de hierro
y gigantes.

- Quererte,
¡sangre oxigenada por el cayado al cuerpo!,

siempre,
retornando al corazón.

...

¡Amigo de imperios y todos los tiempos!
Amigo.



SE FILTRÓ LA LUZ DE LA LUNA

Se filtró la luz de la luna por la ventana
y quedó sobre tus pechos,

y quedó sobre tus pechos.
Fueron dos lunas.

Desde la oscuridad del espacio,
mi manos selenitas

alunizaron
tomando muestras de textura y cimas,

de textura y cimas.
La luna se escondió tras nubes.

Tus pechos
lunas.



SERÍA EL UNICORNIO

Sería el unicornio
y sería azul.

- Azul por el cielo de la plaza,
por Laura del Prado,

porque “azul” rotando la zeta
y leído al revés

dice luna
y la luna es de Carhué

(nace en mi aljibe
y desciende amada por el viejo cementerio).

- El unicornio,
para recorrer Masallé, Rivera, Maza, San Miguel,…

¡como las visitas dominicales del abuelo Federico
por casa!



SOY VARIOS

Soy varios
y todos cambiantes:

- el de la Yrigoyen que conversa,
- el del aromo que se apelotona,

- el que escribe
(ahora soy ese).

Parezco, de un año a otro, el mismo,
como el húmero, el cúbito y el radio cicatrizado.

Pero no:
hay un poema más en mi radio,

un milímetro menos en mi altura,
hay más agua en mis lagunas y en mi vejiga,

un Santiago desaparecido,
y un agosto que termina.

Soy varios
y todos cambiantes,

sobre un ADN
sin mutar.



(Cuando mañana hablemos por la Yrigoyen:
seré Heráclito, seré Parménides.

Serás otro,
serás el mismo.)



TEMBLÓ MI JOVEN AROMO

Tembló -no sé por qué- mi joven aromo
y una brisa -única- fue en mi jardín,

brisa amarilla de mi amarillo árbol
aire en mí de un pasado Carhué.

Y con el aromo se agitó la hiedra
yendo una de sus hojas con la brisa a ser,

y en verde fueron frente a mí en verde
hasta que aquella tocó este Carhué.

La arranqué del suelo con cansada mano
y sobre su breve cuerpo soplé y soplé,

soplido mío que partió con ella
por las alturas del viejo Carhué.



TORMENTAS DE VERANO EN CARHUÉ

Tormentas de verano en Carhué
chirlos de padres de antaño que duelen y pasan...



TREPAR AL AROMO DEL FONDO

Trepar al aromo del fondo
ver el entorno:

el sol que despierta u oculta,
¡tu sonrisa que llega saltando tapiales!

¡Subir más!,
oxigenar las piernas por tantos andares,

olfatear
flores frágiles y madera recia.

Descansar alto
sobre un rumor de hojas y surcos despejados.

...

¡Soy ese árbol!
Entre ramas, el gato naranja me sueña palomas.

Es la rama izquierda en la sombra,
es la derecha soleada,

apostando curiosa,
¡señalando la vida!



UNA HOJA DE AROMO

Una hoja de aromo,
con el agua de esta lluvia de agosto,

urgiendo por las calles de Carhué, amor,
llevo hacia ti.

La he tomado del jardín en esta gris mañana,
la he tocado con mi mano de junio hendida,

la he tocado,
y por la Yrigoyen dejado, única hacia ti.

Sé que cuando tus pies caminen la mansa corriente
sentirás,

con cualquier hoja pasajera,
subiendo mi mano de junio hendida,

urgiendo amor,
en ti.



UNO PALABRAS (al verso, al agua y a Santiago Maldonado)
Escribo frases,
cambio palabras, comas, puntos, figuras.
Escribo la última estrofa.
¿Será un poema?

Uno palabras
como unía el puelche alfarero el barro de Epecuén.)

Manoseo el verso y la vasija.
Giro y giro.

¡Será redondez
y lisura la obra!

Ha de llevar exitosa
el agua al reclamante de Cushamen

y la entremetida en estas tierras
a otros acertados lares.

Será un buen poema, una buena vasija.
También será abrazarte Santiago.



VAMOS GACHI (con Graciela Corradini)

Vamos Gachi,
despierta,

¡despierta a esta noche alada!,
y poemas cientos vayamos

¡por grises paredes del Carhué
pregonando!

Y esta noche con Neruda,
luna, tierra, ¡magia seamos!

Tú Luna blanca delante,
yo Tierra detrás,

y…
¡poemas por Carhué soñando!

Y en cada flor de esa rambla,
y en cada carhuense durmiendo,

y en el verde limonero,
y en ambos camposantos

¡poemas vayamos, vayamos,
por los aires del Carhué arrojando!

¿Imaginas?:
¡Carhué llena de versos!

de tus blancos y estos marrones,
¡de María Angélica y David,

de Neruda y con ella!,... más...
¡versos, versos al pasar dejando!

Y la magia de la noche
en cada nube asomando,

y abajo en la calle versos
que tú, blanca Luna,

y yo, Tierra, seguiremos,
tic tac, tic tac, ¡por Carhué soñando!



Y AL AMANECER

Y al amanecer
el colibrí.

Y al atardecer.
el colibrí

Siempre el colibrí
aleteando la vida como puede...



Y HOY

Y hoy,
por sobre el universo

- y entonces por sobre esta blanca laude a Norma Robert, Ricardo Domínguez,... -,
el sol fulgura y fulgura

y la oscuridad es sólo sombra de los mansos árboles
y la oscuridad es sólo sombra del manso caballo de la estación de Vicente Crivera…



Y AÚN

Y aún
en la oscuridad de la noche,

la luz del sol me llega
a través de la solitaria luna.



De las hojas del árbol sin hachero
en todas.



Y SI LA VIDA

Y si la Vida es el único lugar conocido
donde todo es posible

(menos la nada),
que sea:

- donde las mañanas más tempranas aparecen,
el oleaje manso sobre la vereda de seis delgadas lagunas,

- donde la primavera en los brotes de los jazmines blancos aparece,
el caminar del 31 de julio de Santiago.



QUEDÓ AL IZARTE

Quedó -al izarte-
el aroma de tus jardines en una hebra de la almohada.

Tu sombra azul
recorrió el Ta Matete en la recta espalda del ropero.

Luego, una puerta y el sonido de la calle.
En una hebra de Ensenada 83, siguió el aroma.

                                                     Buenos Aires, 1975

                               ______

Mi mano -donde brilló ayer el último oro de la tarde- 
depositó  el aroma en el abismo del salitroso lago.

Fue,
tras una generosa comparsa de artemias salinas.

                                                    Carhué, 2018